SAN ERNESTO
La arquitectura es una metáfora de las personas que viven dentro o, al revés.
Yo soy quien soy gracias a la arquitectura vivida.
Mi padre tenía un gran amigo arquitecto que diseño el colegio donde estudié y la casa donde pasé toda mi infancia. Habitar la arquitectura de Manolo era crecer en libertad de miras, todo era distinto a lo común y, a la vez, tan evidentemente funcional y estético que no alcanzaba a comprender por qué el resto de casas o colegios eran tan inválidos.
Manolo murió muy joven. Cuando alguien con tanto carisma se va antes de tiempo, deja un vacío que inmoviliza a sus queridos. En este caso, su pérdida paralizó a mi padre, que murió muchos años después, ya mayor, cargando con la culpa de haber descuidado el vínculo con la familia de su amigo.
Mi padre tenía un gran amigo arquitecto que diseño el colegio donde estudié y la casa donde pasé toda mi infancia. Habitar la arquitectura de Manolo era crecer en libertad de miras, todo era distinto a lo común y, a la vez, tan evidentemente funcional y estético que no alcanzaba a comprender por qué el resto de casas o colegios eran tan inválidos.
Manolo murió muy joven. Cuando alguien con tanto carisma se va antes de tiempo, deja un vacío que inmoviliza a sus queridos. En este caso, su pérdida paralizó a mi padre, que murió muchos años después, ya mayor, cargando con la culpa de haber descuidado el vínculo con la familia de su amigo.
La arquitectura de Manolo entendía la función desde la sensibilidad, sin prejuicios. Yo era muy pequeña cuando murió, apenas tendría seis años, pero su influencia a través de su arquitectura viva ha sido atroz, enriquecedora y constante.
Cómo puedo recordar cada espacio, cada recorrido, las sensaciones, las luces, el día a día.
Cada espacio era aprovechado. Recordamos los espacios por las emociones, no por la cantidad o calidad de cosas que tengan. Manolo escogía vanos de múltiplos formatos: redondos, poligonales, estrechos y alargados, completos; todos rompían la realidad plana, la monotonía, captaban el enigma de las sombras, provocaban esa luz incierta que hacen que estes presente.
En lugar de pasillo-puerta-espacio-espacio-puerta-pasillo en su arquitectura sucedían cosas. El pasillo lindaba con un patio de luz y terminaba en una estancia abierta que conectaba con los dormitorios. El comedor se unía a la cocina mediante una ventana y al salón a través de un tabique móvil. Era una coreografía de acciones posibles; un juego en planta que suspendía el tiempo. No entiendo la compartimentación estéril porque mi «yo» se formó en una arquitectura honesta que no tenía miedo al vacío ni al juego.
La relación con los materiales era táctil y monocromática. Una quietud de blancos y crudos en diferentes texturas y materiales cedía a la intención del movimiento de la planta y al enigma de la luz que la recorría. Qué bonito y que suerte recordar esa sensación.
La vida, en un giro de justicia poética, me ha regalado encontrarme con su sobrino y me ha permitido diseñar su casa. Es un homenaje sutil: recuperar esa mente de artesano que Manolo poseía para solucionar problemas arquitectónicos con sensibilidad. En San Ernesto, la intención es continuar una conversación interrumpida.
Este proyecto nace del espíritu del tiempo vivido: un puente que transporta mis recuerdos de infancia al presente de una familia que hoy me confía su hogar. Trasladamos la vivencia de una vivienda unifamiliar, acción por acción, a un piso en el Parque de Berlín, con la intención de proyectar la personalidad de quienes lo habitan.
Proponemos una subversión de la geometría convencional. Una línea oblicua, a modo de puertas móviles que se recogen en la isla de la cocina, divide la planta en dos: la zona de adolescentes y la de padres. La cocina se sitúa como lo que es, el corazón, accesible y abierta para ambos mundos. Su forma en zigzag rompe las inercias. Disolvemos los pasillos con muebles que integran las puertas. Ojos de buey, ventanas alargadas, reflejos y luces filtradas; terrazas tratadas como patios con acceso desde cada habitación. Ladrillo Clinker, Mortex, azul en las carpinterías y pino Valsain.
Conseguir que, a través de la arquitectura alguien mas sienta esa libertad que yo sentí desde niña. Proyectar una historia de vida. Es, simplemente, alma.
Manuel Orus (1941-1983)
Manuel Orus proyectaba formas de estar en el mundo a través de una modernidad humanista que rompía con lo rígido. Como figura esencial en el nacimiento de BD Ediciones de Diseño, unió la visión del arquitecto con la sensibilidad del editor, manteniendo siempre la escala humana y el amor por el detalle constructivo.
Él entendía que la arquitectura es una «coreografía de acciones» donde la libertad se siente a través de la luz y el volumen. Trabajó estrechamente con mi padre, Andrés Barrio, en un equipo donde la arquitectura y la vida eran una misma cosa. A pesar de su pronta partida, su huella respira en mi forma de entender el espacio.
Cómo puedo recordar cada espacio, cada recorrido, las sensaciones, las luces, el día a día.
Cada espacio era aprovechado. Recordamos los espacios por las emociones, no por la cantidad o calidad de cosas que tengan. Manolo escogía vanos de múltiplos formatos: redondos, poligonales, estrechos y alargados, completos; todos rompían la realidad plana, la monotonía, captaban el enigma de las sombras, provocaban esa luz incierta que hacen que estes presente.
En lugar de pasillo-puerta-espacio-espacio-puerta-pasillo en su arquitectura sucedían cosas. El pasillo lindaba con un patio de luz y terminaba en una estancia abierta que conectaba con los dormitorios. El comedor se unía a la cocina mediante una ventana y al salón a través de un tabique móvil. Era una coreografía de acciones posibles; un juego en planta que suspendía el tiempo. No entiendo la compartimentación estéril porque mi «yo» se formó en una arquitectura honesta que no tenía miedo al vacío ni al juego.
La relación con los materiales era táctil y monocromática. Una quietud de blancos y crudos en diferentes texturas y materiales cedía a la intención del movimiento de la planta y al enigma de la luz que la recorría. Qué bonito y que suerte recordar esa sensación.
La vida, en un giro de justicia poética, me ha regalado encontrarme con su sobrino y me ha permitido diseñar su casa. Es un homenaje sutil: recuperar esa mente de artesano que Manolo poseía para solucionar problemas arquitectónicos con sensibilidad. En San Ernesto, la intención es continuar una conversación interrumpida.
Este proyecto nace del espíritu del tiempo vivido: un puente que transporta mis recuerdos de infancia al presente de una familia que hoy me confía su hogar. Trasladamos la vivencia de una vivienda unifamiliar, acción por acción, a un piso en el Parque de Berlín, con la intención de proyectar la personalidad de quienes lo habitan.
Proponemos una subversión de la geometría convencional. Una línea oblicua, a modo de puertas móviles que se recogen en la isla de la cocina, divide la planta en dos: la zona de adolescentes y la de padres. La cocina se sitúa como lo que es, el corazón, accesible y abierta para ambos mundos. Su forma en zigzag rompe las inercias. Disolvemos los pasillos con muebles que integran las puertas. Ojos de buey, ventanas alargadas, reflejos y luces filtradas; terrazas tratadas como patios con acceso desde cada habitación. Ladrillo Clinker, Mortex, azul en las carpinterías y pino Valsain.
Conseguir que, a través de la arquitectura alguien mas sienta esa libertad que yo sentí desde niña. Proyectar una historia de vida. Es, simplemente, alma.
Manuel Orus (1941-1983)
Manuel Orus proyectaba formas de estar en el mundo a través de una modernidad humanista que rompía con lo rígido. Como figura esencial en el nacimiento de BD Ediciones de Diseño, unió la visión del arquitecto con la sensibilidad del editor, manteniendo siempre la escala humana y el amor por el detalle constructivo.
Él entendía que la arquitectura es una «coreografía de acciones» donde la libertad se siente a través de la luz y el volumen. Trabajó estrechamente con mi padre, Andrés Barrio, en un equipo donde la arquitectura y la vida eran una misma cosa. A pesar de su pronta partida, su huella respira en mi forma de entender el espacio.